En estos días de esperanzas en conserva,
de sueños disminuídos
y de alegría sin pena
hasta nuestro insulto patrio
se ha convertido en grandeza.
Hijo de puta:
insulto al inquisidor,
principio de tristeza,
recomendación al negrero,
ilusión del proxeneta.
Saltó la noticia en prensa
que esta gran expresión
(madre de la humildad)
ha sido beatificada por la justicia,
donde la seriedad va en contra de la codicia.
Desde aquí sufrimos por el empresario insultado
que, encima de puta, pone la cama:
Ha de dar dinero al afectado
y con su insulto a cuestas
vale el precio de su belleza.
¡Quién pudiera imaginarse
un gran mundo
lleno de hijos de puta,
por lo menos reconocidos
aunque siempre teniendo presencia!
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