Archivos mensuales: Noviembre 2008

Hoy ha sido un día como otro cualquiera, salvo mi trayecto a la estación. Es un gran momento, porque es el único instante en el que puedo estar solo, la soledad a las siete de la mañana es algo necesario. Encendí un cigarrillo y le di una honda calada. Estuve andando unos diez minutos, cuando noté un aire en mi nuca. Giré la cabeza y vi una sombra proyectada en la pared. Alguien me estaba siguiendo. ¡Maldita sea!…nadie me estaba siguiendo, seguramente sería otro tipo como yo que va a coger el tren. Sí, sabía perfectamente que nadie me seguía, pero la vida recién levantado es muy aburrida, así que uno debe inventarse lo que pueda para tener algo de emoción.

Así que seguí con mi farsa. Le di una calada a mi cigarrillo, creyendo ser mi única salvación pero no funcionó, la sombra seguía ahí, robándome la poca energía que tenía.

Seguí caminando por toda la calle hasta llegar a un paso de cebra. Lo crucé y en ese momento lo vi todo: la sombra no había cruzado por el paso de cebra. Joder, por una vez que cumplía las normas, me daba resultado. Debía de estar agradecido a los dioses. Mi sombra no era una persona, sino dos. Un chico que no debía pasar de los dieciséis años y una chica con los ojos tristes. Siempre me habían dicho que merecía algo mejor.